Cuando un senderista de Madrid no sabe dónde ir, se acuerda o ve Las
Machotas. Esa montaña con dos elevaciones situada al noroeste, entre El
Escorial, San Lorenzo de El Escorial y Zarzalejo; término al que pertenecen.
Algo así me pareció que les tuvo que ocurrir a los compañeros de sudores, que
habitualmente salen los jueves y esta semana se les ocurre salir en martes.
Puesto que por circunstancias diversas no he podido acompañarlos
últimamente, no podía faltar otra vez a la cita. Hechos los saludos en el
pequeño aparcamiento junto al km-30,3 de la carretera M-505 y la pista que
lleva a la Ermita Virgen de Gracia y la Silla de Felipe II;
comenzamos la rutilla que me pareció elegida solo por llenar la mañana.
Charlando echamos a andar y en el primer desvío torcemos a la derecha por
el Camino del Castañar, desviándonos otra vez a la derecha (0,56 km) unos metros antes
de la entrada a la finca, para seguir la Senda
del Castañar que también dejamos en la siguiente bifurcación
(0,78
km), continuando a la diestra por una vereda bien
definida y despejada que nos lleva a la carretera de La Herrería.
Será durante este tramo cuando se destape la liebre, pues me entero de
que de los tres: Ángel, Fernando y Rafa, sólo el primero ha subido una vez a
Las Machotas, al menos dice creerlo. Así están las cosas, dos montañistas de
pro que han recorrido innumerables montañas y subido a picos emblemáticos. Rafa
por ejemplo subió en verano al Monte Elbrús; el pico más elevado de Rusia y Europa, y Fernando que
ha pateado la Sierra de Gredos, los Pirineos y también anduvo por los Alpes.
Total, qué sin poderlo creer supongo que la ruta será ¡toda! Una
aventura para ellos. Cruzada la pista asfaltada (1,74 km) seguimos
ganando altura por un camino de tierra, que lleva a otra finca donde teniendo la
entrada a la vista, parte a la derecha una senderita que rodea la propiedad con
unas magníficas vistas del Monasterio y la sierra nevada al fondo.
Saltado un murete (2,16 km) entramos en T. M. de Santa María
de la Alameda, y continuamos subiendo tras un rastro a metros del muro de la finca
hasta que, llegados a una alambrada la cruzamos por el extremo izquierdo y
enlazamos con la Pista del Ortigal,
pasando al T. M. de Zarzalejo; y antes de cruzar un zarzo o cancela, atajamos monte a través hasta entroncar con la Senda del Fraile.
La senda viene del Collado de
Las Majadillas, cruce de caminos que vemos abajo al suroeste. Nosotros
proseguimos ganando altura por la zigzagueante senda, ascendiendo con dirección
Este hacia el cúmulo de piedras que conforman la Machota Alta; haciendo la
obligada parada al pie de la Peña del Fraile (4,3 km – 1.461m), para hacer las
pertinentes fotos.
La marcha nos lleva a cruzar el muro, bajando después al Collado de
Entrecabezas (5,2 km – 1.273m) y sin tregua ni para beber, les empujo hacia el
otro cerro que nos espera, pasando junto a la roca con el grabado Senda de los Tres Ermitaños,
por la que seguimos atravesando una especie de collado, donde encontramos un helicóptero militar haciendo prácticas; y una vez que ha levantado el vuelo, proseguimos de frente dejando la otra vía para el regreso.
Alcanzado el pico más al sur (6,4 km - 1.404m) de los tres
que componen el conjunto de La Machota
Baja, de ahí el nombre de los tres ermitaños, nos hacemos la foto de grupo
junto al vértice geodésico y dándoles las gracias les digo adiós, pues ellos se
van a tomar el bocadillo que antes no les permití; no sin desaprovechar el balcón privilegiado sobre las dehesas, el Embalse de Valmayor, la Sierra de Hoyo, La Pedriza, así como el resto de la Sierra de Guadarrama y el sin fin de pueblos.
El regreso lo hago solo volviendo a pasar por el Collado de Entrecabezas y descendiendo por el trazado del GR-10 entro a
través de un torno en la Finca Los Ermitaños y saltando luego el muro por
lugar habilitado, continuo por fuera junto a él hasta el camino de acceso a la
finca, que viene de la calzada asfaltada junto a la Silla de Felipe II (9,35 km).
Yo prosigo tras las marcas del gran sendero a su paso por el bosque
de La
Herrería, conformado principalmente por robles, fresnos,
melojos y rebollos, además de algún cerezo silvestre, tilo y una buena zona de
castaños;
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