lunes, 30 de octubre de 2017

Navas del Rey, GR-10, Pelayos de la Presa, San Martín de Valdeiglesias


Navas del Rey, Camino Rural del Valle, Arroyo del Barranco, Cerro de Mesa, Camino del Cerro, Río Alberche, Vía Verde, Arroyo Mataloros, Cañada de Talavera, Pelayos de la Presa, Camino de la Via, San Martín de Valdeiglesias



M A P A      T R A C K      FOTOS      WIKILOC

Tipo de Ruta: Lineal
Tiempo estimado: 4 horas 
Recorrido: 19,6 km
Dificultad: Medio 
Desnivel: Subida: 274 metros / Bajada: 318 metros
Recomendada: Todo el año
Realizada: 30-10-2017



Descripción:

Decidido a saldar otro tramo del gran sendero GR-10, en este caso serán casi 20 kilómetros, la mitad sobre la Vía Verde que recorre el proyectado trazado de un ferrocarril que no se construyo.
Me traslado a San Martín de Valdeiglesias, donde tomo el autobús 551 y me bajo en Navas del Rey.

Originariamente el nombre de este municipio era Dehesa de las Navas del Rey. Fernando VII fue el que otorgó el título de Villa al municipio el 22 de abril de 1.819 con el nombre actual.
El dato histórico más antiguo que hace referencia al lugar, es de Alfonso XI rey de Castilla y León, en su Libro de Montería, mencionando los terrenos de Navas como lugar de cacería dentro de la Dehesa Real.

De Navas del Río, arranco en la plaza del ayuntamiento y salgo con dirección Sur, por la Calleja de las Viñas o Camino del Santo. Cruzo la conducción –del Pantano de San Juan a Valmayor- y llego al primer desvío (1,04km), desde el que continúo a derecha por el Camino de la Fuentecilla del Valle o Camino Rural del Valle.

Paso un cruce de caminos (2,86km), atravieso el Arroyo del Barranco (3,45km) y subo al Cerro de Mesa (3,86km), donde finaliza la urbanización Santa Ana.

Cambio de orientación dirigiéndome a la diestra por el Camino del Cerro, que en su descenso hasta el Río Alberche, me lleva hacia el Oeste. Luego de diversos giros y volver a cruzar el Arroyo del Barranco (5,42km), con el que andaré el corto tramo que me resta, hasta pisar la Vía Verde del Alberche (5,9km – 531m), punto mas bajo de la ruta.

Esta vía verde recorre la ribera, desde el Embalse de Picadas hasta la ctra M-501, por el trazado del tren que se proyecto de Madrid a la frontera con Portugal.
El ferrocarril de San Martín de Valdeiglesias al Valle delTietar, nace con el permiso administrativo, julio de 1883. Un ferrocarril económico de Madrid a Martín, pasando por Villaviciosa de Odón y Brunete. La titularidad pasa a otra sociedad en marzo de 1885, autorizándose a tender 78kms de línea desde Madrid -de la inexistente “estación del Manzanares”- hasta el Valle del Tietar. 
Ampliándose en 1887 hasta la frontera de Portugal, por Bejar y Boadilla (Salamanca).

Luego de innumerables vicisitudes, cambio de concesiones y titularidades, en los años 30 se llevo a acabo una obra teatral, que consistió en inaugurar entre los dos primeros apeaderos del recorrido: San Martín de Valdeiglesias y Pelayos. Un tramo de vía y depositar sobre él un tren traído por carretera. La farsa duró muy poco, pues los raíles fueron desmantelados y el tren de la ceremonia fue el único que “circulo” por la línea. 

Sigo este placido camino en sentido Noroeste, cruzo el Río Alberche y entro en el T.M. de San Martín de Valdeiglesias. Prosigo aguas arriba disfrutando de la relajante vista, que supone ver tanta agua en tiempos de sequía. Franqueo el Arroyo Mataloros (6,65km) y llego a otra desvío, junto a un área recreativa (8,62km).

Ahora toca seguir a la siniestra y subir por la Cañada de Talavera o del Puente de San Juan, pasando junto a una Estación Depuradora de Aguas Residuales. Voy ascendiendo junto a un arroyo de temporada -donde tengo la suerte de ver tres ciervos o corzos, pues la distancia me impide disipar la duda- hasta un primer desvío (9,60km), en que abandono la vía pecuaria y me voy a la derecha rematando la pendiente.

Oyendo el ruido de la civilización, bajo en busca del nuevo itinerario de la ctra M-501 que circunvala Pelayos de la Presa, que en esta zona esta protegida por una alambrada, para impedir el paso de personas y animales.

Sigo un camino que salva la carretera por un paso subterráneo, rodeo la urbanización Pinos Verdes y llego a una rotonda (11,3km), situada en la antigua calzada de la ctra M-501 que atraviesa el núcleo urbano de Pelayos de la Presa.

Aunque el GR-10, cruza la ctra y sigue al Norte, para encontrar la Av. del Ferrocarril, dando de lado a la población. Yo prefiero entrar al centro, siguiendo la carretera que es la Av. de Nicasio Hernadez y pasando por la plaza del ayuntamiento.

El nombre del pueblo es de origen desconocido, aunque si se sabe que el apellido “de la Presa” no es debido a la Presa de San Juan, sino al Arroyo de la Presa que lo recorre. Lo que parece más claro es que los primeros asentamientos datan de la época visigoda en el s.VIII.

De esta pequeña plaza paso a otra más grande, la Plaza de España y por la Av. de la Estación llego a la Plaza del Burro, con su monumento al équido. Continuando por c/. de la Solana que finaliza en el Camino del Ferrocarril (13km), reencontrándome con el trazado del GR-10.

Reanudo el recorrido del sendero que me llevara a la meta fijada hoy; estoy marchando otra vez hacia el Oeste; la calle cambia de nombre a Virgen del Remedio y también cambia su firme que vuelve a ser de tierra, más propio para una senda y recupera un nombre más afín a sus principios, Camino de la Vía.

La leve pendiente diseñada para el ferrocarril, hace muy cómodo el tramo entre los pueblos. Pasado el punto limpio, regreso al T.M. de San Martín, donde comienzo a ver campos de vides, que dan un preciado vino por el que también es conocida esta zona.

Ignorando desvíos a ambos lados, me acerco al final del trayecto. Sobre los 17km, tengo una primera perspectiva del pueblo destacando sobre él la torre de la iglesia y el Castillo de la Coracera.
Paso un cruce (18,2km) que a la derecha lleva al punto limpio, y en la siguiente encrucijada (18,8km), dejo el GR-10 que prosigue su camino hacia Ávila y giro a izquierda; entrando propiamente en la población de San Martín de Valdeiglesias.

De raíces visigodas, se atribuye su fundación al príncipe Teodomiro. En el 1150 Alfonso VII concede al abad Guillermo -orden de San Benito- la propiedad del valle, comenzándose a reconocer la calidad de sus vinos.
Los asentamientos estables de población vendrían con la repoblación en la Reconquista, siendo en su mayoría abulenses. En este proceso repoblador tuvo especial protagonismo, la comunidad religiosa que creó gran número de ermitas o eremitorios en el valle, sobre los que predomino el Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias.


Bajo por la c/, Florida, que luego pasa a ser, c/. del Mediodía Alta y finalmente; Mediodía Baja, por donde entro en la Plaza Real, donde esta el ayuntamiento y la Iglesia de San Martín Obispo, rematando esta larga ruta.

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