jueves, 28 de septiembre de 2017

Manzanares, Descubriendo La Pedriza


Manzanares el Real, La Pedriza, Canto Cochino, PR-M2, Arroyo de los Pollos, Arroyo de la Ventana, Callejón de las Abejas, Aguja del Sultán, Los Hermanitos, La Bota, Collado del Miradero, PR-M1, Las Milaneras, Los Tres Cestos, Cancho Centeno, Los Llanillos, Vereda de los Forestales, Collado Cabrón, Cancho de los Muertos.  




M A P A      T R A C K      FOTOS      WIKILOC

Tipo de Ruta: Circular
Tiempo estimado: 8 horas (realizable en 6)
Recorrido: 14,30 km
Dificultad: Alta
Desnivel: Subida: 1.006 metros / Bajada: 1.006 metros
Recomendada: Todo el año (con buen tiempo) y siempre que se valla bien equipado y GPS
Realizada: 25-09-2017
mis fotos -- fotos de J. Luis  -- fotos de Julián -- fotos de Paco


Descripción:
Hacer una ruta por La Pedriza, implica dificultad. Si asimismo es por La Pedriza Posterior, al esfuerzo habría que añadir dotes de orientación. Y si a lo anterior, sumamos que vamos a franquear una zona, sin senda conocida, tenemos un reto, en el cual sabemos a la hora que comenzamos, pero muy posiblemente no acertaremos con la de regreso. Y eso es precisamente lo que me ocurrió.

La Pedriza, es uno de los mayores conjuntos graníticos de Europa, con numerosos riscos, arroyos y praderas, por el que discurren infinitas sendas, siendo las más importantes y que están señalizadas el, GR-10, PR-M1, PR-M2, PR-M16 y PR-M18. Así como la, Senda Carboneros y Senda Maeso <ésta forma parte del PR-M1>.

El grupo compuesto por seis buenos andarines, inicia la marcha sobre las 09:40, desde Canto Cochino, teniendo como primera meta, La Aguja del Sultán, casi al final del Callejón de las Abejas.

Marchamos sobre el PR-M2, más conocido en este tramo, como La Autopista, no tanto por el suelo que pisamos, sino por la gran afluencia de personas que lo suelen transitar.
Acompañados del casi seco, Arroyo de la Majadilla, vamos ganando altura en dirección Norte.
Sobrepasado el desvío al Collado Cabrón, dejamos a derecha, el camino que lleva al, Refugio Giner. 

Vencemos una primera pendiente, hasta un mirador; desde el que se contempla perfectamente el peñasco de, El Pajarito. La vereda nos da un respiro y llaneando, dejamos un vivac, a la izquierda y unos metros más adelante, giramos a derecha (2,9km), para cruzar el Arroyo de los Pollos.

Esta vez no supone ninguna dificultad y no necesitamos utilizar la pequeña pasarela, que hay unos metros más arriba. A partir de aquí, ya se puede catalogar la subida, como “durilla”. Transcurre a poca distancia del arroyo y con las eses típicas para suavizar la pendiente. Hemos dejado a derecha el peñasco de, El Pájaro y Cancho Butrón. Al ver una gran piedra a la derecha de la senda, se une por la derecha, el Arroyo de la Ventana (3,52km).

Proseguimos con este, aguas arriba <lo de aguas, es un decir>, la cuesta se endurece aún más, rebasamos el ramal que lleva a Cuatro Caminos y trescientos metros más adelante, cruzamos el seco cauce del arroyo (11h - 4,2km – 1.482m). Y como afirma la frase <toda situación es susceptible de empeorar>, aquí la rubrico. Pues entramos en la,  travesía del Callejón de las Abejas.

La senda por la que hemos subido, desaparece y tenemos casi que trepar; para remontar la pendiente,
desértica y pedregosa, con rampas que alcanzan el 47%, hasta conseguir la bifurcación (4,67km – 1.652m), donde dejamos el “callejón”, en el que por cierto ¿no hemos visto una sola abeja? Lo de los nombres en ciertos lugares, daría para una tesis.

Un esfuerzo más y pisamos un colladito, a pocos metros de la base de La Aguja del Sultán (11:45h), donde nos tomamos el merecido descanso y la primera de las manducas.

Nuevamente en camino (12:15h), insistimos en la misma dirección, penetramos en zona boscosa y vamos girando hacia la izquierda. Pasamos a los pies de, Los Hermanitos (5,2km – 1.761m), dos altas rocas, que no pudimos contemplar, por el espeso pinar que lo rodea. Unos metros después, finalizamos el giro que veníamos haciendo y enfilamos al Oeste, en busca del sendero principal; a través del nutrido pinar, donde intentamos dejar huella de nuestros pasos, para futuros caminantes.

Luego de atravesar un kilómetro de zona boscosa, conservando la altitud, enlazamos con el sendero PR-M2 (13:14h – 5,99km). Lo seguimos a derecha unos trescientos metros y lo dejamos momentáneamente, para acercarnos a la roca conocida como ¡La Bota!, que ninguno conseguimos identificar; pues no fuimos capaces de ver; la bota de andar y menos, la bota de vino.

Desengañados, regresamos a la vía general y proseguimos subiendo, hasta arribar al Collado del Miradero o de Prado Poyo (14h – 6,88km – 1.882m), fotos, vista a todo nuestro alrededor y ¡segundo bocata!

Media hora más tarde, reanudamos la caminata para atacar, Las Milaneras, que pasamos por su lado oeste, consiguiendo llegar al pie de, Los Tres Cestos (15:15h – 6,62km).

Volcamos al otro lado de la cuerda y nos enfrentamos a la difícil bajada del, Cancho Centeno, con su rampa del 53%. Que con precaución y paciencia, logramos dejar atrás, casi una hora más tarde, al encontrar una bifurcación  (16:10h - 9,25km – 1.570m), poco antes del Collado de la Romera.

Vista la hora, decidimos no pasar más apuros y tomar a izquierda, la placida senderita que entronca (9,56km), con la Vereda de los Forestales, en la zona de Los LlanillosLa tomamos a derecha y llegamos al Collado Cabrón (17h - 11,7km – 1.304m).   

En este cruce de caminos, desesperados por finalizar la ruta <o mejor, lo digo en singular>, continuamos por la senda de enfrente, el antiguo trazado del PR-M1, pasando  a los pies de Peña Horcajo y el Cancho de los Muertos.

La historia que en este paraje se sustenta, trata en pocas palabras de una banda llamada, Los Peseteros. Estos secuestraron a una moza de buena familia y se resguardaron en estos riscos. En tanto esperan cobrar la recompensa, el jefe se ausenta de la guarida, dejando a varios compinches al cuidado de la chica. Pronto se despiertan los instintos depravados de estos y en la disputa, muere uno de ellos.
Cuando el líder regresa, se ve en la obligación de impartir justicia, para no perder autoridad. Ordena al autor que cargue con el muerto <nunca mejor dicho> y se trasladan a uno de los despeñaderos, para lanzar al vivo, una vez hay soltado la carga. Este que sabe lo que le espera, forcejea y resiste los envites del jefe, cayendo ambos y quedando la banda descabezada. Lo que aprovecha la zagala, para escaparse y extraviarse. Y para saber el final de la historia, pinchar en este enlace.

La bajada de kilómetro y medio, es vertiginosa y conectamos otra vez con el PR-M1 actual, en media hora (17:37h - 13,2km). Y desde aquí por la despejada vía, recorremos los quinientos metros que restan para dar por concluida la ruta. 

1 comentario:

  1. Bien contado, Cristóbal. Me duele que remarques como es debido mi valentía sobrevenida en la bajada de las Milaneras

    ResponderEliminar