sábado, 11 de febrero de 2017

Rascafria, Tejos del Arroyo de Valhondillo


Rascafria, Tejos en el Arroyo de Valhondillo, Puente y Río de la Angostura


M A P A      T R A C K      FOTOS      WIKILOOC

Tipo de Ruta: Circular
Tiempo estimado: 5 horas
Recorrido: 11,7 km
Dificultad: Medio / hoy por haber tramos nevados y helados: ALTA
Desnivel: Subida: 520 metros / Bajada: 520
Recomendada: Todo el año
Realizada: 09-02-2017


Descripción:
Por fin he logrado realizar una ruta muy deseada y que por diversas circunstancias siempre aplazaba, se trata de ver los tan rumoreados tejos milenarios, situados a orillas del Arroyo de Valhondillo. Voy acompañado de Paco y Jose Luis, camaradas del grupo de senderismo que he denominado GsTa (definición ya explicada en otras rutas). Nos desplazamos hasta el punto kilométrico 36,6, de la ctra M-604 situado entre el Puerto de Cotos y Rascafría.
Estamos a 1.500 metros de altitud, cruzamos la ctra y bajamos a tumba abierta 200 metros hasta la pista que une; el Puente de la Angostura con el Camino Viejo de El Paular, por el lado Norte del Río de la Angostura. Seguimos a derecha la pista unos 180 metros y antes de unirse al antiguo Camino del Paular. Que transitaba desde el Palacio de La Granja de San Ildefonso, pasando por el Puerto de Cotos, hasta el Real Monasterio de Santa Maria de El Paular.
Vemos la pasarela sobre el arroyo, el ansia nos puede y nos vamos hacia ella, atrochando para llegar al pontón, donde hay situado un poste de la ruta RV-1; que enlaza Rascafría, el Paular y el Puerto de Cotos. Cruzamos el Arroyo o Río de la Angostura.
El inicio de estas aguas se da en el Circo de las Cerradillas, dando origen al Arroyo de las Guarramillas, al cual se agregan los arroyos; de Cotos, de las Cerradillas, del Toril y de la Laguna Grande de Peñalara.
Seguidamente tras cruzar este arroyo, hoy cargado de agua, hay tres pequeñas pasarelas que salvan pequeñas corrientes y poco más adelante, cruzamos también el Arroyo de Peña Mala que asimismo vierte sus aguas al de la Angostura. Andamos 400 metros por este excelente camino, en sentido contrario al que deberíamos llevar, para enlazar con una pista que parte a derechas (0,20h). 
Ahora toca subir un tramo de 1,60km, con pendiente media del 15% que hoy esta cubierto de nieve, vamos paralelos al Arroyo de Peña Mala, por un camino que esta siendo engullido por la vegetación.
Enlazamos con otra pista, cuando llevamos 1 hora y 2,4km, hemos ascendido hasta los 1.690 metros, máxima altura de la ruta. Continuamos en bajada con sentido Este, avanzando por la ladera Norte de la Loma de Pandasco, pista con bastantes placas de hielo que hace más lenta nuestra marcha, cruzamos el Arroyo del Hierro y dos ramales que forman el Arroyo de la Majada del Espino, antes de llegar a la bifurcación (5,18km).
Proseguimos de frente, la pista va girando a derechas y con ligera pendiente, hasta finalizar junto al Arroyo de Valhondillo (2,18h - 6,19km - 1.653m).
Que recoge todos los arroyuelos que se descuelgan por la cara Norte de la Cuerda larga, desde Cabeza de Hierro Mayor hasta el Cerro de Navahondilla.
Ya antes de cruzarlo, vemos al otro lado un tejo con su señalización de árbol singular. ¿Pero como pasamos al otro lado? vemos un paso con pequeños troncos que no nos dan confianza, pues están mojados y uno de sus extremos congelado. Decidimos fabricar nuestro paso y cumplir nuestra meta. Superado el escollo y en el otro lado, da comienza el episodio de leyenda ¡pues este lugar es mágico! con una frondosidad sensacional, donde destacan los tejos y entre todos, el milenario Tejo del Barondillo, de entre 1500 y 1800 años, que curiosamente es femenino, según la información que al pie.    
El “Texus bacata”, tejo común o tejo negro es un árbol conífero, de la familia primitiva de las taxáceas y crece en zonas montañosas. Son plantas de gran longevidad, superando los 2000 años y los 20 metros de altura. Sorprende el grosor que puede adquirir su tronco, con ramas que crecen casi desde la base del mismo, terminando en unas hojas finas y puntiagudas, dando un fruto de color carmesí. Otra cosa curiosa es que su tronco está vacío.
Para los celtas el tejo era un árbol sagrado, gracias a su perenne presencia durante cientos de años, era considerado un símbolo de muerte y reencarnación. El cristianismo no lo devaluó, construyéndose muchas iglesias alrededor de estos longevos y venerados árboles.
Tras el merecido descanso y tomado el piscolabis, reanudamos el recorrido acompañando el descenso del Arroyo de Valhondillo y despidiéndonos de los tejos. Cruzamos el Arroyo de las Zorras y el Arroyo de Los Pinganillos, antes de reencontrar la pista que habíamos dejado en la bifurcación, después de casi un kilómetro de bajada junto al arroyo (3,50h - 7,28km).
Seguimos la pista a derecha, que continua descolgándose, cruzamos el Arroyo del Paraje, dos veces y después el Arroyo de Valhondillo al que ya no volveremos a ver, nos quedan 700 metros para arribar al Puente de la Angostura, en el Camino Viejo del Paular. Estamos en el punto más bajo del circuito a 1.364 metros, habiendo invertido 4 hora y 15 minutos y recorrido 9km.
El Puente de la Angostura, esta acoplado en una estrechez berroqueña por la que fluye el agua del Río que le da nombre. Ordenado hacer por Felipe V, para conseguir llegar en coche de La Granja a El Paular, se consiguió gracias a un arco de seis metros de luz, de mampostería sin labrar. Ahora duerme en un camino olvidado por reyes, pero muy utilizado por los amantes de la naturaleza, que gustan de perderse en este valle, donde no dejan de encontrar tesoros, como los tejos milenarios.
No cruzamos el puente y atrochamos por la pradera entre el arroyo y el camino, para continuar por él en dirección Oeste. Vamos acompañados del fragor del Arroyo que ya quiere hacerse río, haciendo pequeñas paradas para ver los saltos y pozas que se forman. Esta parte del Camino del Paular, es muy cómoda, aunque hoy tiene tramos cubierto de nieve y helado, que nos hace andar con cautela y aún así sin darnos cuenta estamos en la primera bifurcación de pistas, por la que nos desviamos esta mañana. Desde aquí solo nos resta desandar el camino para regresar al punto de partida.

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