Tipo de Ruta: Circular -- Dificultad: Media (IBP: 57) -- Recorrido: 13,4 km -- Ciclable: NO
Tiempo
Total: 4:30 horas -- Tiempo en Movimiento: 3:38 horas
Altitud
mínima: 1.087 metros -- Altitud
máxima: 1.335
metros
Desnivel
positivo: 573 metros -- negativo: 573 metros -- acumulado: 1.146
metros
Fuentes: SI -- Sombras: 50%
-- Recomendada: todo
el año
Realizada: 16-02-2017 -- Señalizada: NO
Con idea de andar el tramo del GR-10 desde el Refugio de la Naranjera
hasta el Collado de la Cierva, nos trasladamos tres componentes del GsTa, José
Luis, Paco y el redactor (Cristobal), a la zona de La Jarosa, en Guadarrama, pero
nuestros planes se trastocan al encontrar a la Policía Municipal que ha cortado
el acceso a las áreas recreativas, por desbordamiento de dos arroyos.
Como solución decidimos dejar el coche junto al dique del embalse y
realizar un recorrido que comprende dos sendas locales: la SL-MG 05 por las Trincheras y la SL-MG 06 bosque plateado. Desde el
punto más bajo de la ruta
Siguiendo la marca compuesta por dos franjas verde y blanca, y un círculo
rojo sobre los árboles, pasamos una barrera y dejamos de andar por la pista,
para transitar por la típica vereda que paralela a la calzada recorre el pinar.
Llegados al cruce de caminos de Las Conejeras (0,90
km) continuamos de frente por la senda señalizada.
Comenzados a ver restos de trincheras casi ocultas por la vegetación,
torcemos a la izquierda
Regresando a la senda cruzamos la pista forestal y proseguimos por otro camino que asciende con dirección norte hasta el siguiente desvío donde otra señal nos indica la dirección a seguir; que es a la derecha para llegar a los restos de un refugio y nidos de ametralladora.
Se trata de los
restos del puesto de mando del ejército nacional, utilizado por la Columna
Iruretagoyena que controlaba la ladera de la Solana de Fuente la Teja, un
entramando de trincheras y barracones. Este cuerpo de ejército se adueñó más
tarde de; Villafranca del Castillo y Villanueva del Pardillo (aldea
desaparecida) de Villanueva de la Cañada.
En la Guerra Civil, era la posición de Loma de Requetés, defendida por la milicia navarra. Se componía de muros defensivos en semicírculo que se adaptaban al terreno. Situado más al Sur que el de La Falange, servía para contener el ascenso de las tropas republicanas que, apostadas en las posiciones más bajas de Álamos Blancos y de Cerro de los Lobos, trataban de tomar el alto del León.
Retornando al camino subimos unos metros y vista otra señal de la senda
local, torcemos a izquierda y bajamos viendo una gran profusión de trincheras y
otro refugio y un bunker muy deteriorado. La senda desciende hasta la primera
pista asfaltada (3,40 km), justo en el cruce con el Arroyo de la Chorrera, donde está la
Fuente del
Arroyo del mismo nombre.
Seguimos unos metros aguas abajo el arroyo que viene crecido y ha
provocado desperfectos en la senda Vereda del Agua, antiguo
trazado de una de las canalizaciones de agua, pasando seguidamente junto a las
ruinas de las Casas de los Resineros y luego quedamos asombrados ante la vista
del cañón por el que discurre el Arroyo de la Jarosa, nombre dado a la unión de
los Arroyos
de la Chorrera y de
los Álamos Blancos.
Escuchando el torrente de agua que se despeña por la chorrera/catarata, que conseguimos avistar a lo lejos, entendemos que hayan tenido que cortar la carretera de acceso a las áreas recreativas. La vereda nos devuelve a la parte oeste del cruce de Las Conejeras (4,35 km), donde giramos a la derecha para continuar por otra pista, que baja y cruza el Arroyo de la Jarosa.
Cruzado por una estupenda plancha de cemento, vemos que hace muy poco el
arroyo la desbordo, remontando y descendiendo una cuesta, pasamos junto a una
de las zonas de picnic del Área Recreativa La Jarosa I, junto al Arroyo del Picazuelo (5,62
km) donde aprovechamos para tomar el conveniente almuerzo antes de comenzar
la segunda parte.
Cruzado el arroyo en poco llegamos al entorno del Área Recreativa La
Jarosa II donde comienza la senda local 06, pasando nosotros poco más arriba por
campo a través y junto a los restos de las Casas de San Macario, cruzamos luego
una zona de jaras y entroncamos (6,50 km) con el camino/pista que
recorre la vaguada del Arroyo de la Calle de los Álamos y senda local.
Andando la senda temática SL-MG 06 el Bosque Plateado, señalizada con franjas
verde y blanca más un círculo gris, hacemos varios intentos de cruzar el arroyo
para subir al Cerro de la Sacristía, consiguiéndolo en el punto que la pista
cruza el arroyo (7,72 km), no sin alguna dificultad.
Consultado el GPS aparece un cabo de pista a la izquierda que sube hacia
nuestro objetivo.
Pero una vez en el supuesto punto, nuestro gozo en un pozo, la tal pista ha desaparecido y solo queda un rastro al cual nos aferramos para ascender la pendiente. La remontada tiene una pendiente media del 15% y rampa del 28%, llegando casi a tocar el Arroyo de la Hilera cuando desembocamos en la pista antes dejada (8,55 km), volviendo a estar en la senda local y donde hay una gran concentración de pino laricio.
También conocido como: pino salgareño, pino gargallo, pino pudio, pino maderero o pino nasarro. Su nombre específico actual, nigra (pinus nigra Arnold), alude al color oscuro de sus hojas en contraste con el blanco de su corteza. Es un pino de gran talla que puede alcanzar los
Florece en primavera produciendo abundantes piñas cada 4 o 5 años, madurando en el siguiente otoño y esparciendo los piñones en la posterior primavera. A pesar de una regeneración difícil, puede superar los 500 años, resistiendo la sequía y fríos invernales; prefiere suelos calizos, frescos y profundos, siendo su hábitat entre los 800 y
Siguiendo la pista al Este (izquierda) que está siendo casi apoderada por las jaras, vemos a la derecha una bella alfombra de gayuba, que cubre toda esta parte del pinar, y llegados a la curva descubrimos un buen mirador con excelentes vistas, que abarca desde el valle hasta la Sierra de los Porrones y La Pedriza; prosiguiendo con la vista de estupendos ejemplares de pino, tanto en altura como en grosor, enlazamos (9,00 km) con un cortafuego.
La ruta temática sigue de frente, pero nosotros tomamos al
Este (izquierda) para subir por el cortafuego y conseguir la máxima altura (1.336 metros) del
recorrido al pasar por una antigua torre de vigilancia, antes de llegar al Alto
de la Sacristía; punto desde el que nos descolgamos bajando una pendiente
media del 16,6% y rampa del 30,5%.
A falta de reductora que buena falta hace, nos ayudamos de los
bastones, aterrizando en la pista asfaltada (10,7 km) en el tramo también
conocido como Camino de la Carrasqueta, por el que continuamos relajados volviendo
a cruzar el Arroyo de la Calle de los Álamos, que pasa canalizado, pero
el que también se ven huellas de haberse desbordado.
Llegados al Área Recreativa La Jarosa II, dejamos el restaurante/chiringuito a la izquierda y retornamos a cruce del Arroyo del Picazuelo, prosiguiendo a la derecha por senda-camino que nos lleva al Área Recreativa La Jarosa I, donde vemos otro restaurante/chiringuito y la Ermita de la Virgen de La Jarosa.; patrona de Guadarrama.
La ermita se construyó en 1956 por
voluntarios del pueblo de Guadarrama, coordinado por el párroco, celebrándose el
15 de agosto las fiestas, con una romería y un desfile de carrozas.
Reemprendemos la marcha cruzando la calzada de acceso para llegar a la orilla del embalse, por la que caminamos hasta salir por otra puerta de pescadores a la pista asfaltada, por la que continuamos cruzando el Arroyo de la Jarosa, viendo el rastro que ha dejado la corriente, aunque ya ha bajado su caudal. Metros después seguimos por la senda paralela viendo los restos de una espadaña.
Se trata de la antigua Ermita de San Macario, que formaba parte de la aldea de La Herrería, desaparecida en el siglo XVII. La zona en aquellos tiempos era conocida como; Berrueco de la Herrería o Berrueco de San Macario.
Seguidamente pasamos junto al centenario Pino de los
Pescadores y pensando que ya estaba todo el pan vendido, nos encontramos
con una pequeña sorpresa ¡cruzar un zarzal! Que cual práctica política nos deja
entrar para irnos encerrando y ponernos en tal aprieto al final, que ante la
duda de regresar o proseguir, elegimos persistir, teniendo que finalizar casi a
gatas; pudiendo finalmente conseguir salir a la pista y finiquitar el variado recorrido.




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