Tipo de Ruta: Circular -- Dificultad: Media (IBP: 48) -- Recorrido: 15,1
km -- Ciclable: NO
Tiempo Total: 5:54 horas -- Tiempo en Movimiento: 3:51
horas
Altitud mínima: 640 metros -- Altitud máxima: 796 metros
Desnivel positivo: 645 metros -- negativo: 645 metros -- acumulado: 1290
metros
Fuentes: NO -- Sombras: 10% -- Recomendada: de
otoño a primavera
Realizada: 24-01-2017 -- Señalizada: NO
La elección del recorrido sirve
para que Fernando que procede de Burgos, conozca sobre todo las curvitas de la
carretera parque a ambos lados del Río Manzanares, lugar elegido para algún
rodaje del que queda testimonio la chatarra de un coche en la falla que se
avista en la ladera oeste. Teniendo como conductor a José Luis nos lleva con
prudencia hasta el inicio de la ruta, en la cota de los 770 metros entre la Presa
del Grajal y el Puente del Grajal.
Sin fecha determinada, aunque alrededor del siglo X, está construido en piedra de granito encajada en la estructura mediante mampostería, excepto en las dovelas, que están formadas por sillares regulares. Con un solo arco de medio punto, de sillería con tímpano y pretil, solucionados por sillares y sillarejo, y cimentado directamente sobre la roca. Tiene una luz de 10 metros y su tablero mide 3,34 metros de ancho.
Aunque se cree de origen romano, por haber pertenecido probablemente a
una vía transversal al paso del Itinerario de Antonino. Que atraviesa el Puerto
de la Fuenfría, uniendo Galapagar con Colmenar Viejo.
Entre los siglos IX
al XI en época andalusí, formo parte del camino militar que unía, Talamanca del
Jarama con el Valle del Tiétar, enlazando las atalayas y ciudadelas fronterizas
que componían la parte del sistema defensivo cordobés conocido como Marca
Media, para frenar las incursiones de los cristianos del norte. El puente se
remodelo durante el siglo XVIII alterando en parte su aspecto.
Cruzada la calzada que soporta el Puente Nuevo del Grajal del año 1895, descendemos al camino bajo el que discurre
el canal de agua proveniente de la Presa de Santillana.
Construida a iniciativa de Joaquín de Arteaga y Echagüe, marqués de Santillana y duque del Infantado, para regular el caudal y alimentar 3 saltos de agua que generarían electricidad, además de llevar agua potable a la zona Noroeste de Madrid. El embalse se inauguró en 1908 estando el primer salto en la propia presa, el segundo junto al Arroyo de Navallar (único en servicio) y el tercero en el Cerro de la Marmota.
En 1971 y siendo ya propiedad del
Canal de Isabel II, su cometido principal es el abastecimiento de agua a la ciudad
de Madrid, por lo que se construye una nueva de
Caminar
por este tramo es un placer con la vista de la garganta por donde fluye el Río Manzanares, lugar donde se ubicaban molinos y batanes que datan del siglo XVII, de los que quedan
algunos restos. Mientras caminábamos surgió la conversación de cómo o cuando se
formó esta orografía que ahora vemos, pues para saberlo nada mejor que visitar
este enlace: http://www.parquesierradeguadarrama.es/geologia-y-geomorfologia-de-la-sierra-de-guadarrama/
Cuando el
canal se pierde en un túnel (1,42 km), nosotros
seguimos a la derecha por una autentica senda montañera, que rodea el montículo
y trazando una gran ese, vuelve a pasar junto a la canalización (1,81 km), para alejarse definitivamente bajando
hasta el Arroyo de
Navarrosillos (0,47h – 2,38 km); que lo cruzamos y subimos hasta la loma,
viendo el bonito meandro que dibuja el río en su tranquilo descenso.
Deambulando
por el cerro, me despisto y dejo pasar un primer desvío (4,84 km) y además un segundo (4,93 km) que tenía previsto para bajar junto al río
y ver las ruinas de algo sin identificar. Pero el error nos sirvió para ver dos
hermosos ciervos que en la distancia nos vigilaban. Les dejamos en paz y
enmiendo el descuido girando a derecha y descendiendo hasta el Arroyo de Cerro Negro (1,53h – 5,32 km),
que acompañamos unos metros en su discurrir hacia el Río.
Una vez
cruzado remontamos otra loma y entroncamos (5,75 km), con la senda que no debería haber dejado anteriormente,
por la que proseguimos manteniendo la cota hasta salir al camino (6,27 km) que viene de Colmenar Viejo; estando ya
sobre el Cordel
de Valdeloshielos. Siguiéndolo
a la derecha y tras algo menos de cuatrocientos metros llegamos al objetivo, el
Puente
de la Marmota (2,06h – 6,65 km – 638m), punto más bajo de la ruta.
¿Y porque este nombre? es la
pregunta más frecuentada por los visitantes. Pues parece ser debido a la
degeneración fonética del término «mamotar», nombre de uno de los cerros
cercanos al viaducto por su forma de mama femenina, esta montaña aparece
con el nombre Cabeza de Mamotar en documentos y textos medievales.
El Puente de la Marmota fue realizado entre 1756 y 1758 por orden de Fernando VI (1713-1759), artífice de diferentes obras de mejora de acceso al Monte del Pardo como la: Puerta del Hierro o el Puente de San Fernando. En este caso, se construyó para dar continuidad al cercado del Monte del Pardo y habilitar un camino por fuera de la zona para diversas necesidades.
Formado por un único arco de medio
punto y situado a una altura de
Con la vista del remanso que se toma el Río Manzanares, done es fácil avistar en su ribera jabalíes, ciervos y hasta nutrias, hacemos las últimas fotos principalmente los “profesionales Paco y Fernando”, a los que doy las gracias por sus buenas instantáneas, desandamos unos metros y atajando nos reencontramos con la vía pecuaria Cordel de Valdeloshielos.
Mi idea era subir al Cerro de las Mesas, lugar muy frecuentado por avistadores de aves y de aquí salir al camino, pero Paco me da una alegría dirigiéndose hacia el Alto de la Marmota, él ya lo ha pisado y sabía de las extraordinarias vistas que se disfruta. Para mí suponía un picacho más que pisar, pero la subida que atacamos a la salida de la pronunciada curva del camino; se hace querer, pues serán solo 250 metros, pero con una pendiente media del 26% y rampa del 39%.
Prácticamente superada cruzamos el antiguo el canal, junto al depósito que volcaba las aguas a la Central Eléctrica bastantes años atrás, alcanzando seguidamente la cima (7,53 km – 791m) donde nos damos una tregua aprovechando para zamparnos los bocatas. La amplia vista lleva desde los pies de esta atalaya hasta el Embalse de El Pardo y finalmente Madrid; que apenas se vislumbra por la contaminación.
Descendiendo por el norte enlazamos con el vacío canal, que nos sirve de guía para volver al Camino de Colmenar (8 km), estando aquí compartido con la vía pecuaria Cordel de la Marmota. Caminando por la parte más “fea” pero al mismo tiempo la más descansada, que tiene varios dientes de sierra, hasta que desde la bifurcación (9,50 km) remontamos hasta la máxima altura de la ruta (10,40km – 796m), donde dejamos el camino para tomar al noroeste.
Al principio por camino entre muros
y luego saltando el de la derecha y cruzando varias dehesas salimos a otro
camino restaurado recientemente (10,90 km), que seguimos a la izquierda con la vista del sifón del canal a
fondo; haciéndoles muy pronto abandonar el plácido paseo para saltar una
alambradita, viendo durante los minutos necesarios para hacerlo, indicios de
rebelión en el grupo.
La situación mejora al convencerles
del motivo, que es encontrar un enebro en maceta de piedra, hecho que
consigo al límite de perder las esperanzas, pues está muy cerca del extremo sur
del Sifón del Arroyo de Navarrosillos; y donde admiten que ha valido la
pena conseguir las obligadas fotos.
Dando de lado al sifón bajamos
hasta el Arroyo de Navarrosillos (4,30h – 12 km), en el que depositaba todas mis esperanzas para reconciliarme con la
panda, pues lo recordaba con menos dificultad a la encontrada; aunque siempre
lleva agua hay que tener en cuenta la estación. Lanzándome puñales con la
mirada no queda otra que ponerse manos a la obra, arrimo unas piedras y paso.
Viendo el resto del grupo al otro lado y leyendo sus pensamientos de no deserta porque la alternativa es muy larga, Paco también se pone a la faena y aporta su granito de arena, bueno en este caso su peñasco, facilitando el vadeo.
Alcanzado el otro extremo del sifón, hacemos las necesarias fotos y proseguimos acelerando el paso llaneando por encima de la canalización, exceptuando dos pequeñas subidas con sus correspondientes bajadas; retornando al punto donde nos separamos esta mañana desde el que desandamos el sereno camino y concluimos la ruta.


















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